Ayer lamenté mucho saber de la
muerte de uno de los amigos de la familia de mi hermana, esos amigos que a
fuerza de convivir desde la adolescencia y ahora con las parejas y los hijos se
empiezan a convertir en familia elegida. Me sorprendió porque era una persona
cercana y porque era un hombre joven y, es inevitable escuchar y repetir: la
vida es un segundo.
Siempre he pensado que
inevitablemente tendremos que pasar por el dolor de despedir a algunos de
nuestros familiares y amigos (o ellos a nosotros) y que, eso es lo único que si
puedo asegurar de manera contundente. Las teorías de la vida después de la
muerte, otras dimensiones y demás son difíciles de entender y sirven de poco
consuelo cuando de despedir a un amigo, hermano, padre o madre se trata. Sin embargo,
sí creo que podríamos prepararnos más a entender que esta, la de pasar por el
trago amargo de la muerte, no es una opción, no es algo que podemos elegir, lo
único que podemos elegir es prepararnos para la resignación y el entendimiento
de lo inevitable.
Yo no tengo respuestas, ni tengo
soluciones, ni propuestas para la vida después de la muerte (a duras penas
entiendo lo que pasa en esta vida), sin embargo sí creo que la vida me ha
enseñado que nada es para siempre, que todo, en un segundo cambia y que planear
muchas veces sirve de poco. La única respuesta que tengo es vivir
apasionadamente y tratar de no quedarme con las ganas de nada. A veces, cuando
estoy triste trato de recordar que tal vez esté desperdiciando tiempo bueno
alrededor de tristezas superfluas y me digo que más me vale ser feliz mientras
exista, más me vale ser feliz mientras pueda, porque…inevitablemente tendremos
que guardar esa tristeza para cuando nos toque despedirnos poco a poco de los
que se van primero, así que… que el llanto sea para cuando valga la pena, para
cuando se va un padre o una madre que nos dieron toda su vida en entrega para
construir parte de la nuestra, cuando se va un hermano o una hermana con
quienes compartimos juegos y llantos de infancia y quienes nos conocen mejor
que nadie. En esta ocasión mi hermana, mi cuñado y toda su familia adoptada
(amigas, amigos y sus hijos) lloran la partida de su amigo, compañero de risas,
cómplice de proyectos y apoyo para
cuando hizo falta. Lloren que vale la pena llorar cuando se va quien uno ama.
Los demás a sonreír mientras sea posible que nada es para siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario